6 de noviembre de 2011

dermis

Oscura, increíblemente oscura. Cuando salí de la sala me sentía entre perturbado y encantado. El conflicto es tan intenso y la narrativa tan sorprendente, que ni hace falta ponerse a elogiar cosas como la fotografía o la música, que, obviamente, también son geniales.
Pero es oscura en serio. Tratando de comprender lo que acababa de ver, tratando de digerir el exceso de sentido que choca con violencia contra todas nuestras categorías y supuestos éticos, imaginé que una sensación parecida les deben haber causado -por ejemplo- las pinturas de Del Bosco a sus contemporáneos.
Almodóvar es un genio.